Confuto, latín, "refutar, convencer, rebatir"
Confutación, "impugnación convincente de la opinión contraria"
(en el prólogo de la 1ª parte de El Quijote)

sábado, 6 de julio de 2013

BERLIN

Entre la Puerta de Brandeburgo y la desaparecida cancillería del tercer Reich, y al lado del lugar donde un día estuvo el bunker en el que Hitler pasó sus últimos meses, se levanta el monumento en memoria de los 6 millones de judíos asesinados en Europa, erigido en 2005 y diseñado por el escultor judío-americano Eisenmann. Consta de 2711 bloques de cemento de sección rectangular (2,38 x 0,95 m), dispuestos ordenadamente a guisa de lápidas de un cementerio, ligera y aleatoriamente inclinados y de una altura variable, desde los 0,5 m a los 4,7 m metros aproximadamente. Los de mayor altura se concentran en el centro del conjunto y los de menor en la periferia. También, hacia el centro del conjunto, el piso presenta una depresión, coincidiendo así con los bloques de mayor altura. La obra causa una profunda impresión a quien la ve por primera vez y es aconsejable contemplarla sin demasiados visitantes, recorriendo y zigzagueando por los pasillos entre columnas y filas de bloques. Se dice que el escultor no quiso dar una interpretación de su obra, por lo que cada observador aventura la suya. A mi me sugirió que esas “lápidas” eran empujadas por la víctimas “supuestamente” sepultadas bajo ellas, en un intento de recordar permanentemente a los vivos la causa de su infortunio. Ello se conseguiría mediante esa sensación de movilidad debida a la conjunción de las distintas alturas, el suelo hundido hacia el centro y la ligera inclinación aleatoria de los bloques, a pesar de lo masivo de las dimensiones y de los materiales. El Centro de Información anexo da noticia de historias familiares asociadas al holocausto. 

Berlín esta lleno de lugares conmemorativos, centros de documentación y museos relativos a la historia de la dictadura nacionalsocialista, como el Centro de documentación de Brandeburgo, centro penal famoso por la ejecución de presos políticos, centro de eutanasia y exterminio de pacientes psiquiátricos (también en época de la Alemania Oriental sirvió de prisión a opositores al régimen, testigos de Jehová, homosexuales, desertores y defensores de los derechos civiles, junto con presos comunes y criminales de guerra); el Centro de documentación sobre el trabajo forzado nazi; el Centro memorial de la resistencia alemana; el Centro memorial de Plönzensee por las víctimas de las sentencias arbitrarias del sistema de justicia nazi; el Memorial a los héroes silenciosos, que brindaron apoyo a judíos perseguidos; el Museo del campo de concentración de Sachsenhausen (curiosamente, después de la guerra, sirvió de campo de internamiento para los más de 60.000 detenidos por los servicios de inteligencia soviéticos, de los que 12.000 murieron de hambre y enfermedades); la Casa de la conferencia de Wannsee donde se acordó la “Solución final al problema judío”, y un largo etcétera.

Cabe destacar aparte, el Centro de documentación Topografía del Terror, inaugurado en 2010, en los terrenos que ocupaban la Gestapo, las S.S. y la Oficina Central de Seguridad del Reich. Desde hacía 15 años, al lado de un tramo del muro y lindando con el único edificio superviviente gubernamental del tercer Reich, el Ministerio del Aire, se disponía una exposición  de fotografías sobre los represaliados opositores al régimen a partir de 1933, año del nombramiento de Hitler como Canciller. El lugar descampado ponía un toque tétrico y escalofriante a la sucesión de los hechos narrados. Ahora, en cambio, las instalaciones de “diseño”, asépticas y frías, dejan más indiferente al visitante.

Realmente, hay que elogiar la actitud de Alemania en mostrar los horrores del régimen nazi y sus espantosas consecuencias, pero, por otro lado, uno se pregunta cómo es posible que eso ocurriera. Las explicaciones se agolpan: la Gran Guerra, el Tratado de Versalles, la no aceptación de la derrota, la pobreza imperante, las consecuencias de la Revolución rusa, la amenaza bolchevique, la inflación galopante, el antisemitismo, el sentimiento de superioridad racial… y un pueblo entusiasmado con los éxitos económicos y fulgurantes del régimen nazi: el rearme, la ocupación de las zonas desmilitarizadas, la anexión de Austria y los Sudetes.


De la observación del material fotográfico expuesto en los Centros mencionados, uno pudiera sacar la impresión de que Hitler y sus adláteres y seguidores vinieron de otro planeta, dado el predominio de imágenes de concentraciones, ejecuciones, desfiles, detenciones, represalias, etc., bajo la omnipresencia de banderas, botas y correajes, y con aparente escasa presencia de población civil. Pero, una vez aniquilada la oposición, por la fuerza y la propaganda, es evidente que el pueblo alemán en su conjunto sirvió a la causa, con más o menos implicación en los acontecimientos. Quizás una película como El triunfo de la voluntad de Leni Riefensthal, pueda servir de ejemplo del entusiasmo mencionado. Queda la tentación de pensar que, de forma consciente o inconsciente, el régimen nazi ha terminado por ser el chivo expiatorio único de una responsabilidad más amplia. Al fin y al cabo, una vez terminada la guerra, Alemania no se caracterizó por su celo en la represión de grandes responsables de la administración nazi, sino que incluso protegió y empleó en la nueva administración a muchos de ellos. Los vencedores parece que se contentaron con el juicio de Nuremberg y poco más. La Alemania de Adenauer encausó a algunos de ellos, puede que por apariencia, ya que impuso penas ridículas a delitos enormes. Tal vez la guerra fría tuvo que ver. 

Hubiera sido deseable, al lado de la exitosa exposición de la barbarie del régimen nazi, y la loable enseñanza que se practica con los jóvenes escolares, que también se dijese: “Nos equivocamos, casi todos fuimos partícipes de esa locura colectiva”. Pero, hay que ser también pacientes, al menos mientras no haya nuevos motivos de alarma. Hay que recordar que, como pueblo, han atravesado períodos prolongados de dificultades en el siglo XX: los años de la Gran Guerra, las penurias sufridas hasta Hitler, la dictadura de éste, la 2ª guerra mundial, la postguerra... Al menos 35 años seguidos de dictaduras, desórdenes o guerras. A los que hay que añadir otros 40 de Estado totalitario policial para los alemanes del Este.